Indiefilia: Dystopicon

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Supervivencia o revolución: una sutil reflexión sobre la esencia del capitalismo salvaje

Estudio OveR-Software
Publisher OveR-Software
Año de lanzamiento 2019
Plataformas PC (en itch.io y GameJolt)

 

Trama
Dystopicon nos transporta a una sociedad ficticia inspirada en 1984 y Un mundo feliz. En este nuevo orden, los individuos son categorizados según su fidelidad al Estado. El juego arranca cuando somos ascendidas a Ciudadano de Segunda Clase, una fase de transición hacia la ciudadanía de pleno derecho. Para conseguir ese estatus, la Trinidad nos propone que trabajemos viendo la televisión pública en nuestro recién estrenado piso. Estos canales están controlados por el Gobierno y tienen como objetivo sumir a la población en la complacencia. Sin duda, lo más interesante de Dystopicon reside en su contexto. A través de los boletines estatales y una subtrama secreta iremos descubriendo los entresijos de este sistema: una tiranía capitalista que, irónicamente, se acerca a nuestra realidad en muchos aspectos.
Gameplay
En Dystopicon buscaremos tomar las mejores decisiones para sobrevivir y alcanzar la plena ciudadanía (o no). Durante un mes permaneceremos encerrados en casa y el boletín diario de la Trinidad será casi nuestro único contacto con el exterior. Nos trasladará sugerencias, invitaciones a actos públicos, amenazas veladas, propaganda negra y más, siempre de manera aleatoria. Controlaremos nuestro estado con los medidores de salud, hambre, comodidad y entretenimiento. El juego termina si uno se vacía. A su vez, es importante el medidor de afinidad política: este varía y puede complicar la partida según cómo actuemos ante determinados hechos. Nuestras acciones nos llevarán a finales diferentes. Si nos vemos incapaces de superar el reto tendremos, incluso, la opción de eutanasiarnos.
Apartado visual
Dystopicon se desarrolla en una estancia de pocos metros cuadrados con un estilo cincuentero. Tanto el papel de la pared como los diferentes electrodomésticos y muebles indican lo que ya se insinúa al principio del juego: nos encontramos en un piso antiguo que ha pasado ya por muchas manos. El aspecto sencillo y viejo de los objetos favorece la inmersión. En cuanto a las diferentes estancias, no hay casi paredes que las separen. El dormitorio, la cocina y el salón son un mismo espacio, y la única zona cerrada es el baño. A medida que avancemos en el juego encontraremos sentido a esta disposición, ya que en este sistema distópico la noción de privacidad es casi inexistente. Todo lo anterior, sumado a la imposibilidad de salir sin permiso expreso de la Trinidad, termina por afectar al personaje e influir en el ánimo del jugador. La presentación de los boletines estatales, donde el texto llega a rebasar los bordes, y el modelado de las ratas requieren una mejora.
Sonido
La banda sonora no tiene un peso destacable, quizás es aquí donde más se nota el bajo presupuesto del juego. Tan solo encontramos una sencilla melodía en el menú principal y alguna que otra al encender el televisor o el ordenador. Los efectos son de librerías gratuitas o extraídos de grabaciones de noticieros, manifestaciones o cargas policiales. Si prestamos atención podremos distinguir voces en dos o tres idiomas, y sería genial que hubiera homogeneidad lingüística. Quizás, el sonido más destacable de todos es el del reloj, porque acrecenta el nerviosismo del jugador a medida que transcurren los días. El tiempo sigue su curso, pero nada cambia en realidad.

 

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Publicado por Samanta Sempere

Consultora de marketing digital y periodista made in Elche, 26 años. Adoro los videojuegos casi tanto como la pizza hawaiiana. Mis especialidades son la gestión de redes sociales, el SEO copywriting y los chistes malos, de esos que te quitan las ganas de vivir.

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